domingo, noviembre 14, 2004

Roujin-Z, una pequeña joya de Otomo

Katsuhiro Otomo será recordado ad eternum en la historia del manganime como el creador de uno de los títulos capitales del manga y la animación, el auténtico rey del cyberpunk. Hablamos, claro está, de Akira. Pero Otomo es un autor, director y productor que ha realizado muchos otros trabajos. No vamos a hablar, al menos de momento, de Akira, ni de la esperada Steamboy, ni de Memories, ni de Pesadillas. Lo haremos de una pequeña joya de la animación japonesa de los 90: Roujin-Z. Estrenada en 1991 y editada pocos años después en nuestro país por Mangafilms, se trata de una de las pocas películas no infantiles de anime que han sido estrenadas en televisión (Canal Plus, agosto de 1995). Dirigida por Hiroyuki Kitakubo (Robot Carnival, Patlabor la película), Otomo fue el guionista de la historia y realizó el diseño de los mechas. Trabajando como diseñador de arte estaba un joven y aún desconocido Satoshi Kon (Perfect Blue, Millennium Actress, Tokyo Godfathers).

En Japón cada vez es más problemático el envejecimiento de la población, fruto de la escasa natalidad y la alta esperanza de vida. Con tantos ancianos por cuidar, el Ministerio de Sanidad se ve desbordado, ya que no tiene personal ni recursos suficientes como para ocuparse de todos. Sin embargo, tras muchos estudios y experimentos, puede que se haya logrado una solución: el Proyecto-Z, un prototipo de cama robotizada que realiza todas las acciones necesarias para garantizar el bienestar de los ancianos que ya no pueden valerse por sí mismos (les bañan, les cambian de ropa, les dan de comer, tienen televisión, etc). Para asegurarse de su correcto funcionamiento, el anciano Kijuro Takazawa es escogido como "conejillo de indias". Pero Takazawa no quiere que le cuide una máquina y, aún conectado a ella, desea fervientemente volver a tener a su lado a Haruko, la joven enfermera que le cuidaba en el hospital y que se muestra en todo momento contraria a que una máquina sea la última compañera de los ancianos. Con varias personas más, Haruko se infiltra en el lugar donde se halla el señor Takazawa para comprobar por sí misma cómo se encuentra. A partir de ese momento comienzan los problemas, ya que la máquina, creada por genios militares, de repente se transforma en un sofisticado robot militar que actúa en función de los deseos del moribundo anciano... ¡y tiene la voz de la fallecida señora Takazawa! El último deseo del hombre es volver a ver el mar, por lo que el enorme robot deberá cruzar toda la ciudad y evitar a las fuerzas militares que le persiguen. Todo ello con Haruko intentando ayudar y proteger a Takazawa, ayudada por los viejos compañeros de hospital del anciano.

Roujin-Z es una excelente mezcla de drama y comedia, con mucha acción y un ritmo trepidante cuando comienza la acción. Otomo realiza una mordiente crítica a la sociedad japonesa, centrada en dos aspectos. Por un lado, la dejadez de las familias y el gobierno hacia la tercera edad, siendo los abuelos vistos como un estorbo, sin apreciar todo aquello que la sociedad nipona tradicional veneraba en las personas mayores; por otro, la escalada tecnológica del país, que con el pretexto de facilitar la vida de sus ciudadanos mediante la tecnología y la robótica, no hace sino alejar a las personas, obligándolas cada vez más a necesitar de un medio tecnológico para comunicarse con otras personas o simplemente dejándolas a merced de máquinas. Dosificando y alternando los momentos dramáticos y cómicos, nos encontramos ante una película amable, que te hace reír y emocionarte, que no tiene grandes pretensiones artísticas, sino que busca la reflexión del espectador en aquellos temas en que hace hincapié. La animación no es espectacular, aunque se mantiene siempre a buen nivel, es un perfecto ejemplo de la animación habitual de la época. El diseño de personajes, aunque no está realizado por Otomo, sigue claramente su estilo. La banda sonora acompaña perfectamente a la película, con un interesante tema final cuando aparecen los títulos de crédito. También acompaña el doblaje español, uno de los más entonados que nos ofreciera Mangafilms, con una acertada elección de voces para los principales personajes. En fin, una película que, a la vez que divierte, hace pensar. Un trabajo de Katsuhiro Otomo que, a pesar de sus muchos seguidores en nuestro país, desgraciadamente pasó con más pena que gloria y ya pocos recuerdan. Una gran injusticia para este estupendo film.

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