viernes, febrero 18, 2005

El olmo del Cáucaso, historias para reconciliarse con la vida

Como alguna vez hemos comentado, uno de los autores de los que en el último año se están publicando más obras es Jiro Taniguchi. Desde el ya lejano El almanaque de mi padre (obviaremos la muy anterior Sobrevivir en la Nueva Era Glaciar por estar incompleta) hasta los recientes K o La época del Bocchan, tenemos editados en España casi una decena de títulos de este impresionante autor, por el que han apostado Planeta, Ivréa (Crónicas del Viento), Otakuland y, sobre todo, Ponent Mon. Precisamente la editorial alicantina es quien lanzó al mercado hace unos meses el recopilatorio de historias cortas El olmo del Cáucaso, la adaptación al manga de 8 relatos breves escritos por Ryuichiro Utsumi, que ejerce de guionista y asesor de Taniguchi en un tomo que Shogakukan publicó originalmente en 1993.

Un jubilado incapaz de talar un majestuoso olmo de su jardín que molesta a los vecinos; unos abuelos que estrechan fuertes lazos con la pequeña nieta a la que acaban de conocer; un maduro diseñador gráfico que se reencuentra tras muchos años con su ex-mujer y su hija, que ha seguido sus pasos; un jubilado ocioso que se preocupa por la vida que lleva su trabajador hermano mayor; una mujer que espera la visita de su hermano pequeño y rememora los momentos importantes de su relación con él; una anciana que encuentra el amor en el banco de un parque; dos niños que se escapan de casa y cruzan un espeso bosque para ver a su añorada perra; y las consecuencias del cuadro que una viuda extranjera dibuja recordando a su marido muerto.

A grosso modo son las ocho historias que El olmo del Cáucaso nos presenta. Profundas, intimistas, son pequeños grandes dramas sobre la vida y la muerte, pero entonando un canto a la esperanza en el mañana. El estilo de dibujo y de narrar del maestro Taniguchi va de la mano con la sensibilidad de las historias de Utsumi, dando lugar a una bellísima obra en la que los personajes son tan humanos como cualquiera de nosotros, y sus tristezas y alegrías las podríamos llegar a vivir cualquier día. El autor logra, una vez más, transmitir los sentimientos de los personajes, haciendo que en los momentos álgidos al lector se le haga un nudo en la garganta y, quizás, incluso soltar alguna lágrima, mezclada en algún caso no con la tristeza, sino con una sonrisa de satisfacción. Los sentimientos están a flor de piel permanentemente en este tomo de más de 200 páginas. Fiel a su estilo narrativo, Taniguchi proyecta la historias de manera lenta, avanzando mediante los pensamientos, recuerdos y paisajes del protagonista, para acabar mostrando la solución del problema creado. Su grafismo limpio y realista logra plasmar a la perfección el espíritu de cada relato, de una manera que pocos autores habrían conseguido hacer. Ver el dibujo de Taniguchi es una auténtica gozada. La edición española, como decíamos a cargo a Ponent Mon, es casi impecable. Papel satinado, una impresión correcta -aunque se echan en falta más negros, quedando las páginas demasiado claras-, presentación sobresaliente y un interesante ensayo escrito por el crítico literario Ushio Yoshikawa al final del tomo. El único fallo destacable se encuentra en los diversos errores tipográficos, con errores de picado y omisión de letras. Es algo molesto, pero no interfiere para nada en la lectura. En definitiva, una buena edición para un volumen magnífico que hará las delicias de los aficionados a Taniguchi y de los habituales a las obras de la editorial alicantina, y una gran oportunidad para que el resto de lectores descubran que un manga puede decir muchas cosas sin necesidad de recurrir a la acción extrema, el erotismo y los amores que tardan 20 tomos en declararse. Como El olmo del Cáucaso demuestra, las buenas historias sencillas también pueden ser una grata lectura.

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