sábado, noviembre 19, 2005

Underground, entre la pornografía y el periodismo

La editorial sevillana Mangaline ha iniciado con Underground una nueva línea dedicada al manga para adultos, la llamada Colección 38mm. El primer volumen de este título apareció en el reciente Salón del Manga de Barcelona y hubo sorpresa, ya que también estaba disponible el segundo tomo. De esta manera, los aficionados podían comprar de una tacada la obra completa, guionizada por el periodista Nobuhiro Motohashi y dibujada por Yoshihisa Tagami, novelista dicen que notable, pero dibujante mediocre a pesar de algún sonado acierto en su carrera (como ese Grey editado por Planeta en 1992 que envejece en mi "mangateca", o Horobi). Publicada en Japón en 2000 por Akita Shoten, Underground parte de las vivencias del propio Motohashi, un veterano periodista que ha publicado varios libros acerca de la pornografía en Japón y que vivió en primera persona los tumultuosos años 80, década de sonadas polémicas nacionales referentes a la pornografía, tanto por los urabon -que aparecen en esta obra- como por el género lolikon en el manga.

Motomiya es un joven periodista que no encuentra la forma de introducirse en los medios de comunicación. Cuando un maduro periodista al que conoce le ofrece trabajar con él en la producción de revistas pornográficas ilegales, los urabon -es decir que no están censurados-, Motomiya acepta para poder sacarse un dinero y de paso conocer de cerca ese mundo, ya que espera poder publicar artículos y reportajes al respecto más adelante. Poco a poco, descubre cómo funciona esa industria ilegal, quiénes la manejan, cómo se distribuye el material y cómo se realizan las sesiones con las modelos. Buena parte del mérito lo tiene el presidente de la empresa que publica las revistas. Mientras intenta encontrar a María, una prostituta de la que se ha enamorado y a la que ve en una de las revistas, Motomiya consigue publicar una serie de artículos que le reportan cierto prestigio. Poco después, el presidente le ofrece dirigir una revista de información para la empresa, aprovechando así para blanquear el dinero procedente de los urabon. Al mismo tiempo, por fin encuentra a María, con quien inicia una particular relación. Parece que la entrada de Motomiya en el mundo del periodismo es definitiva, aunque entonces descubre lo duro que es sacar adelante una publicación y obtener información interesante para el lector que permita mantener unas buenas ventas. Además, debe cuidar su vida personal. El principal problema del periodista es que la publicación de "Scramble", esa revista, depende del éxito de ventas de los urabon, en un momento en que la policía acecha a la empresa y a todos aquellos que trabajan en ese mundillo. Entonces Motomiya deberá escoger qué camino seguir y qué sacrificios realizar por dolorosos que sean.

El grafismo de Tagami es la tumba de Underground. El diseño de personajes es simplón, las poses se centran en una reducida gama de frontales y perfiles que se repiten constantemente, incluso a veces cuesta reconocer al personaje si hay un plano demasiado cerrado, ya que se parecen bastante unos a otros. No es de extrañar que algunos aficionados interesados por este manga, por la historia que narra, dejen el volumen en su sitio horrorizados nada más hojearlo. Porque la historia no está nada mal, aunque peca de liosa. A lo largo de los dos tomos se cruzan varias historias que, aunque interesantes, no logran despegarse del todo unas de otras y la única que está al margen, acaba por ser frustrante (la relación entre Motomiya y María, a la que el lector probablemente adivina gran importancia en el desenlace de la obra, pero que se desinfla como un globo conforme se acerca el clímax). El peso de la obra lo lleva realmente la evolución personal y sobre todo profesional del protagonista, una muestra de qué está dispuesto a hacer un joven para abrirse camino en su profesión, y escalar peldaños hasta poder hacer aquello que realmente desea y para lo que se ha preparado durante años. En este sentido, el segundo tomo es mucho más entretenido. Los entresijos del mundillo editorial, tanto el de publicaciones pornográficas ilegales como el de la revista que dirige Motomiya son interesantes y están narradas de forma clarificadora. El papel de la mafia, los intereses económicos de las grandes editoriales, las librerías clandestinas o los profesionales del sórdido mundo de la pornografía son elementos capaces de atraer la atención del lector. Sin embargo, el ritmo falla, se hace difícil leer del tirón cada tomo. Aparte, se echa en falta un artículo explicativo sobre la temática de la obra desde un punto de vista histórico, es decir, qué suponía a principios de los 80 ese tipo de publicaciones, qué casos famosos se produjeron, las detenciones, las condenas, etc. Y es que a menudo queda la sensación de perderse entre tantos datos, especialmente tratándose de una realidad tan ajena a nosotros. A pesar de algunos errores de picado, la edición de Mangaline es bastante buena (papel de calidad, portadas en mate, impresión más que correcta) y para inaugurar la línea seinen no está mal, aunque probablemente se esperaba más de la obra. Ambos tomos cuestan 8 euros. ¿Recomendable? Es una buena historia, a pesar de quedar la sensación de que va dando tumbos, así que si se es capaz de "soportar" el dibujo, puede ser una buena lectura.

3 Comments:

At 12:26 a. m., Anonymous Anónimo said...

Es lo peor que he leido en mucho tiempo. Ahorraos el dinero.

 
At 10:38 a. m., Anonymous Gurney said...

Todavía no he acabado el segundo tomo, pero por ahora, algo decepcionante.
Aparte de lo comentado sobre el dibujo (¿cómo puede ser tan confuso un dibujo tan simple?), la historia da muchos tumbos y a ratos es incoherente.
En cuanto a la traducción... bufff. A esa traducción le hace falta un corrector. Hay frases hechas que están mal construidas, o que no pegan ni con cola. En fin, no os perdeis nada si no la pillais. Tampoco es que sea infumable, pero le habían dado bombo y se ha quedado en nada.

 
At 6:51 p. m., Blogger Viruete said...

A mí me ha gustado bastante, será porque todo el tema editorial me gusta. No se me hizo liosa en ningún momento, y si bien el dibujo es limitado cumple su función.

 

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